Alleno

Cuidador David Alleno

Tras los vidrios, se lo ve, vestido como trabajó durante 30 años. Su sombrero, su pañuelo y una expresión vacía de emoción como el frío mármol que lo inmortaliza.

El cuidador Alleno se quedó para siempre en su lugar de trabajo, convirtiéndose en un mito del cementerio. No solo se desempeñó como cuidador, sino que colaboraba con su hermano en la construcción de bóvedas en el mismo cementerio.

Fue a Italia, a Génova, mas precisamente al Cementerio de Stagneto, donde cada miembro de familia destacada hacia su representación en vida, para que el escultor Canessa lo recordara en mármol de Carrara, como fue, como vivió. Pero entre la burguesía local, vestida con sus galas, sus trofeos, sus medallas y aun como romanos, una humilde mujer vendedora de nueces, sigue retratada tal cual fue en vida. Ahorró por años para que el maestro Orengo la mostrase tal cual era, sus ropas, su rostro, sus arrugas y su canasta de nueces. “La nociolina”, al igual que el cuidador Alleno, accedieron a su porción de eternidad dentro de un espacio reservado para pocos. El poder, la fama o las glorias militares, eran la llave de este espacio. Alleno y ella entraron por su perseverancia y voluntar de pertenecer.

Alleno

Alleno volvió de Italia. Murió al poco tiempo y así entonces pudo acceder a este espacio que amaba. Solo lo hizo una vez que su cuerpo dejó el calor de la vida, para pasar a un estado en el que todos somos aun más iguales.

Cementerio de StagnetoDavid Allenoescultor CanessaLa nociolina

admin • marzo 5, 2015


Next Post